Hacia 1980 y pico, Antonio Caballero publicó la novela Sin remedio. Algunos años después, en el 2019, el crítico literario Iván Padilla publicó Sin remedio: una novela sobre la indiferencia y el escapismo colombiano. En estos libros se analiza cierta actitud del intelectual hijo de la oligarquía colombiana a través del protagonista de Caballero, llamado Ignacio Escobar. Se analiza su capacidad enunciativa, digamos, en contraposición a su incapacidad de acción. Este mal, el escobarismo, dirá Padilla a través del estudio, es un mal propiamente colombiano (diríamos latinoamericano).

En corto, el escobarismo no solo lo padecen los políticos nefastos, sino todos los burócratas que mantienen al Estado y su régimen en funcionamiento. Los intelectuales (casi siempre oligarcas, gomelxs, progres) hacen parte de esa burocracia. La enunciación crítica no existe sin la acción, sin la toma de partido, no existe sin las claridades y la clara identificación de un enemigo: la hiperdictadura disfrazada de proyecto emancipatorio (la democracia) y el dios Estado-nación.

El no-escobarismo sería, entonces, la búsqueda por un pensamiento radical en medio de la burocracia, uno que no separe la acción crítica de los movimientos del pensamiento. El no-escobarismo busca una artesanía del pensamiento, contra el Hombre, contra Occidente. Pensamiento «odio-portante» y alegre.