El lenguaje espectacular del neofascismo

Por: i. e.


Resulta palpable y confusa la manera en que los neofascistas (Milei, Trump, Abelardo de la Espriella o Musk) usan el lenguaje. Las continuas contradicciones de sus enunciados (como Trump con toda la guerra que causó atacando a Irán cobardemente), las mentiras palpables y fácilmente verificables, la frivolidad con que se pronuncian y manejan el «material verbal» son aterradoras. Aunque quisiera hacer un trabajo que pudiera tratar en detalle este aspecto, el tiempo y el esfuerzo para ello están lejos de estar en mi poder. Sin embargo, quiero dejar estas notas para que puedan servir a alguien más (incluso al i. e. del futuro) discutir sobre las maneras en que la hegemonía usa el lenguaje contra la gente alienada que somos, para pensar cómo escribir, por ejemplo, lejos de este territorio.

1. El lenguaje y el espectáculo

Parto de una claridad: cuando Debord repasa en su libro La sociedad del espectáculo el estado contemporáneo del capitalismo, señala la importancia de las imágenes que «este sistema produce» y, poco a poco, parasitan la vida de las personas hasta el punto de obligarlas a vivir unas fantasías ajenas, a reproducir una y otra vez lo que esas imágenes representan, dejando de lado su vida, de una manera enfermiza.

Por supuesto, las imágenes realmente son producidas por los agentes que se aprovechan del capitalismo para continuar su dominio. Y, por otro lado, con imágenes no nos vamos a referir solo a cualquier extrapolación de la fotografía, a cualquier dispositivo meramente visual. Las imágenes, como apunta Andrea Soto Calderón, son mucho más amplias, más complejas y no pueden ser catalogadas solamente como dispositivos sensibles a la vista. En otras palabras, las imágenes atañen a sensibilidades más amplias, a la audición, al tacto, etc.

Podremos, entonces, tomar al lenguaje como un espacio de producción de imágenes a considerar. El capitalismo no solo media las relaciones sociales a través de la publicidad o del cine de Hollywood; traza también sus dominios a través de unos usos particulares del lenguaje, un lenguaje que, siguiendo a Debord, sería también espectacular.

Inicio de Nova Express, leído por W. B.

No creo estar descubriendo nada nuevo, pero esto me sirve para especular varias cosas: que el lenguaje pierde su valor de uso, y ahora toma fundamental importancia su valor de cambio; que el lenguaje resulta operativo y, además, extrañamente cercano; que este lenguaje quiere acelerar la alienación a la que nos vemos sometidos por tantos medios y, por tanto, es un lenguaje (es decir un uso del lenguaje) que elimina las fuerzas revolucionarias que puede tener; que este lenguaje es común entre los grandes estafadores, los grandes emprendedores del capitalismo, del mercado financiero que juega con las expectativas, la popularidad y la atención para inflar el precio de acciones o mercancías a lo largo del mundo, un mundo en el que un enunciado cualquiera puede hacer asquerosamente ricos a un grupo de personas, sin importar qué verdad sea verificable en dicho comentario. Por supuesto, muchas de estas intuiciones tendrían que ponerse a prueba con algo más allá que la aparente dimensión y peso de los hechos. Se escribe para retar a la realidad, quiero decir.

2. El lenguaje memético

No mucho he leído sobre los memes que haya sido escrito con gracia, con atención política. Y puede que esto sea una falta mía. Es importante ahora para seguir desenrollando esta serie de intuiciones sobre el lenguaje espectacular.

Digamos que los memes son un tipo de imagen de rápida y fácil propagación, que afectan las conductas y sensibilidad de las personas que encuentran en el camino. Por lo tanto, habrá que decir que un meme no está moralmente definido. Es más bien una característica de cierto tipo de imágenes, por lo que hay todo un espectro de sus usos, desde el fascista hasta el contrahegemónico.

Adolfo, en un texto de nehhh, en el que se discurría sobre la dimensión «imaginaria» de las pasadas elecciones presidenciales de estos platanales, trata las imágenes meméticas del modo en que tratamos con fármacos o narcóticos, capaces, como ya he dicho, de producir unos efectos sensibles y afectivos en la gente que los consume. Por supuesto, Adolfo está pensando en el uso de IA en campaña del Abelardo de la Espriella, en la manera en que ciertos rumores sobre Cepeda se regaron meméticamente entre la población (que era brujo, que tenía cáncer de piel, etc.). Por esto, la semejanza de estos fármacos o narcóticos con el meme cada vez son más reveladoras para estos ojos calcinados de redes sociales. El perfil espectacular de los neofascistas hace un uso memético y narcótico incluso del lenguaje, nos hace adictos. Pienso en estos memes:

Luego pienso en el nombre que la administración Trump dio al ataque a Irán: «Epic Fury». No sobra, además, revisar lo que escribió el propio Gobierno gringo:

Bajo el liderazgo imperturbable del presidente Donald J. Trump, las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos están llevando a cabo la operación Epic Fury con una potencia abrumadora, una precisión letal y una determinación inquebrantable.

Es evidente la sobrecarga de adjetivos grandilocuentes, la estupidez con que desean vendernos la imagen y no los hechos, la imagen (en términos de Debord, por supuesto) y no la vida. Lo mismo sucedió cuando se firmó el acuerdo de cese al fuego y el Gobierno gringo trató de venderlo como una victoria bélica, algo que fácilmente puede contradecirse. Pero, además, no dejo de pensar en que el gabinete de Trump debe ser muy consciente de los memes y el lenguaje propio de los streamers (los «nuevos ricos» en la sociedad del espectáculo) y las redes sociales (recordemos que Musk usó X para beneficiar la campaña de Trump, etc.)… Y no dejo de pensar en quiénes se sentirán atraídos por esta supuesta «Furia Épica», de qué modo esta imagen verbal infecta y se replica, aprovechándose de su huésped.

3. El imperialismo low-cost

En este artículo, escrito por un querido amigo, se apunta lo siguiente, que vivmos

Un imperialismo de bajo costo, una promoción que busca mantener la ilusión de que el imperio sigue siendo el guardián del orden mundial (además de principal beneficiario), aunque sus arsenales ahora no sean los más letales o precisos, su ejército no despierte el respeto o los temores de hace 50 años, ni sus discursos logren hacer que la juventud haga fila para enlistarse.

¿Por qué preguntarnos por los costos en que el Imperio trata de mantener vigente su conglomerado de imágenes? Mientras pensaba en este texto, venía una y otra vez la descarada facilidad con que los neofachos dicen y escriben cosas alarmantes, (sigamos con el Trump de ejemplo) como prometer la eliminación de toda una civilización. No digo, para nada, que los colonos de la historia no hubieran recurrido una y otra vez a «mentiras» o amenazas. Lo que quiero señalar es el esfuerzo cada vez más descocido que tienen estas figuras por integrarse en el espectáculo. Y en los recursos actuales se huele, a lo lejos, una desesperación propia de un negocio que se encuentra en peligro, que vende su producto con rebajas, como señala mi pana, para mantener sus máquinas andando, aunque sin asegurar la calidad de su servicio o su producto. Hay algo aberrante en estos recursos, algo barato, como de serie B, en este uso del lenguaje, de la IA (por supuesto estamos hablando del más vergonzoso de los cipayos: Abelardo de la Espriella), en la parafernalia televisiva de la UFC en la Casa Blanca o en aquel lamentable concierto de Milei. Quiero decir que hay unas confluencias a repasar entre el lenguaje espectacular propio del internet, su cualidad de fármaco fácilmente replicable, la desesperación de los ataques verbales y reales del imperio, la mediatización de las imágenes en nuestra sociedad del espectáculo, etc. Entre estos encuentros y forzados encuentros, se repite una idea: el lenguaje espectacular es un lenguaje de bajo costo, baratísimo de producir. Se aprovecha de todo tipo de usos meméticos del lenguaje e imágenes. Hay unas sensaciones de incomodidad y asco similares a las que producen las «baratas» secuencias o imágenes producidas por IA. En ambos casos, sin embargo, habría que reparar en las consecuencias y no solo en los costos de su producción.

4. El poema espectacular

Hay un proyecto de escritura colectivo en internet muy popular: la Fundación SCP (quizá no es muy popular en Colombia, pero bueno). Entre sus múltiples textos, narraciones y conceptos, aparece uno que ahora me interesa mucho: el de la anomalía memética. Es un tipo de «anomalía conceptual» que busca instalarse en la mayor cantidad de huéspedes para sobrevivir.

Esquema de la anomalía SCP-ES-073

Hay un ejemplo del SCP hispano que me gusta particularmente, se trata del SCP-ES-073, un tetralibro que solo interactúa, es decir muestra el contenido de sus infinitas páginas, a excombatienes o militares que lo leen en grupo, nunca si una sola persona lo abre. Es una especie de informe militar de inteligencia que muestra a sus lectores una serie de documentos de guerra que no coinciden con los eventos históricos reconocidos como reales. A cierto porcentaje de lectores, el contenido del libro comienza a afectarlo, llevándolo a pensar, por ejemplo, que los hechos representados en tal informe son reales y los vividos por él, en cambio, no. Induciendo una especie de paranoia conspiranoide, el lector afectado se vuelve a su vez en un foco de contagio de estas ideas, recuerdos, imágenes, etc.:

Este efecto es un peligro memético transmisible para personas que compartan una cierta proximidad emocional interpersonal o que se hayan visto afectadas por el mismo conflicto armado representado. La mayoría de estos fenómenos de transmisión no son anómalos como tales, puesto que los sujetos portadores afectados directamente por una imagen se volverán apasionados en su defensa de la cronología que adoptan.

Últimamente se ha hecho lugar común la idea de W. Burroughs que afirma que el lenguaje es un parásito. Digamos, el lenguaje es una anomalía memética. Puede serlo, al menos. Y la poesía contemporánea es siempre el espacio de estudio más claro para entender esta capacidad asombrosa e inquietante del lenguaje. ¿Por qué este apartadito sobre poemas? Si consideramos al poema como un espacio en el que las fuerzas del lenguaje se ponen en juego, ¿no sería también un espacio ideal de resistencia en contra de este uso espectacular del lenguaje?

No creo que sea tan sencillo, pues al mismo tiempo en que el lenguaje espectacular se instala como herramienta para el neofascismo, hay un tipo de poema, uno igualmente espectacular, que tiene fuertes resonancias con lo expuesto hasta aquí. Este, por supuesto, tampoco es el espacio para ello. Sin embargo, vale la pena hacer una serie de preguntas.

¿Qué pasa con un poema que funciona solamente para alimentar la relación alienada que mantenemos con las imágenes, es decir para mantenernos dóciles a las operaciones de dominación del Poder? ¿Cómo lucen aquellos poemas? Sin duda, habría que reparar en las anomalías meméticas que esos poemas permiten identificar, en ciertos tics o en ciertas maneras en que el lenguaje «maravilla» o asombra a sus lectores. Quizá no estaría muy lejos del poema que trata de edificarse bajo un impulso lírico común y nefasto, aquel que podemos resumir en la idea de que «el poema es un uso extravagante del lenguaje». ¿Basta, entonces, con plantear metáforas asombrosas, espectaculares, «explosivas» o incluso emocionalmente reconfortantes? ¿Basta con hacer poemas que parecen sacados de un Pinterest lírico? ¿Basta con ser un influencer que escribe poemas? Sin duda, mucha poesía que se toma por sí misma experimental, muchxs poetas que se toman a sí mismxs como experimentales caen en esta especie de maldición memética: la replicación de una sensibilidad mercantilizada, de un aparato sensible enajenado, propio del consumidor de redes sociales y fetiches mercantiles, y no de sujetos abiertamente peligrosos para el Poder.

Esto, que vengo charlándolo con Sergio y algunas otras personas desde hace tiempo, habría que pensarlo con atención, con más tiempo. Sin duda una reflexión así nos daría ciertas herramientas para pensar prácticas de escritura y acción política que se aleje y le resulte aberrante al mercado, al Estado, a los tombos del mundo. Severo Sarduy afirmaba que no había nada que sacara más de quicio al burgués lector que encontrarse con un lenguaje que se pensara a sí mismo, que revelara sus funcionamientos y sus tripas, como si se enfrentaran a un horror del cuerpo verbal. Quizá habría que hacer de esta idea un dinamómetro de la poesía: ¿qué tanto desquicia esta poesía espectacular?, ¿cómo la señalamos?, ¿cómo desmantelamos sus engaños y, con ello, sus servilismos? Si una poesía no resulta peligrosa, si la lee el político de turno como propia, si no es capaz de mostrar las fuerzas crudas por medio del lenguaje, ¿es una poesía espectacular, de influencer? Son las redes sociales el primer lugar al que hay que mirar con desconfianza, para preguntarnos por la poesía que tiene éxito en ese mundo en que la sociedad del espectáculo alcanza una intensidad miedosísima.


Publicado

en

,

por